Desde los juegos de conversación en 5º de Primaria hasta los debates críticos de Bachillerato, nuestra profesora de inglés nos cuenta cómo acompaña a sus alumnos en el camino de descubrir su propia voz en un idioma que, poco a poco, hacen suyo.
A menudo, cuando camino por los pasillos del colegio, siento que mi jornada es un pequeño viaje en el tiempo. Empiezo la mañana debatiendo sobre dilemas éticos o futuro profesional con mis alumnos de Bachillerato y la termino jugando al hundir la flota en inglés o siguiendo el ritmo del famoso trend “Six Seven” con los chicos y chicas de 5º y 6º de Primaria.
A primera vista, parecen mundos completamente distintos. Pero hay algo que los conecta: la búsqueda de una voz propia en una lengua que, aunque no sea la materna, cada vez sienten más como suya.
El juego como motor del aprendizaje en Primaria
En las clases de conversación de 5º y 6º, mi objetivo principal no es que todo sea gramaticalmente perfecto. Lo importante es que pierdan el miedo y la vergüenza a expresarse.
A estas edades, el inglés deja de ser una asignatura dentro de un libro y empieza a convertirse en una herramienta para conectar con los demás. Es emocionante observar cómo, a través de dinámicas y juegos, ese alumno que antes respondía con un encogimiento de hombros ahora se esfuerza por explicar —a su manera— cuál es su género de películas favorito o qué mascota tiene en casa.

En estas sesiones, el aula se transforma en un espacio seguro. No se trata únicamente de enseñar contenidos, sino de crear experiencias en inglés. Cuando un alumno se ríe mientras intenta describir un objeto misterioso o busca palabras para hacerse entender, ya hemos conseguido algo importante: durante unos minutos ha dejado de pensar que estaba hablando en otro idioma.
Y ahí empieza la verdadera fluidez.
El reto del pensamiento crítico en Bachillerato
Esa semilla que se planta en Primaria florece años después.
En Bachillerato, el nivel de exigencia aumenta, pero la esencia sigue siendo la misma. Ya no buscamos únicamente describir o responder correctamente; buscamos argumentar, matizar, analizar y defender ideas propias.
Mis alumnos me sorprenden constantemente con su capacidad para abordar temas complejos. Y, para ser sincera… siguen disfrutando especialmente cuando el aprendizaje incorpora juego, retos o dinámicas participativas.
Es un orgullo ver cómo aquellos niños que hace años aprendían jugando son hoy jóvenes capaces de sostener un debate estructurado, analizar una noticia de actualidad o redactar ensayos con una madurez admirable.

En ese momento, el inglés deja de ser un objetivo para convertirse en una herramienta: un puente que les permite asomarse al mundo adulto, global y lleno de oportunidades que les espera.
Una mirada personal
A veces me preguntan qué prefiero: ¿la espontaneidad de los pequeños o la profundidad de los mayores?
La verdad es que no puedo entender una sin la otra.
Mi forma de entender la enseñanza consiste precisamente en acompañarlos a lo largo de ese hilo invisible que une todas las etapas del aprendizaje… sin olvidar, por supuesto, empezar cada mañana con una buena dosis de paciencia.
Porque lo que hacemos en el colegio no es solo enseñar listas de verbos o reglas de sintaxis.
Lo que intentamos es ayudarles a construir una personalidad también en inglés. Que cuando salgan de aquí, no solo sepan hablar el idioma, sino que sepan quiénes son cuando lo hacen.


