Por Ángel Muñoz Regodesebes – Docente
Queridas familias:
Quisiera compartir con vosotras una reflexión que considero imprescindible en estos tiempos de cambios acelerados y exigencias constantes para nuestros jóvenes: el equilibrio entre la educación y el mundo laboral.
O, como me gusta llamarlo, un equilibrio necesario.
La escuela frente al desafío del “mundo real”
A menudo escuchamos que “la escuela no prepara para la vida real”, que “lo verdaderamente útil se aprende en el trabajo” o que “el aula se ha quedado atrás”.
Y sí, es cierto que nuestro sistema educativo necesita evolucionar. Pero también es cierto que a menudo subestimamos el enorme valor de lo que ocurre dentro de una escuela.
La escuela no es solo un espacio de contenidos, exámenes o tareas.
Es, sobre todo, un lugar donde se cultiva el pensamiento crítico, donde se forman valores, donde se aprende a convivir, a respetar y a ser parte de una comunidad.
Sin esa base, ninguna empresa —por más innovadora que sea— podría sostenerse.
Dos mundos que se necesitan
Hoy se habla mucho del éxito empresarial, del emprendedor autodidacta o del profesional que “aprendió todo en el trabajo”.
Y aunque esos casos existen, la realidad es que la mayoría de las empresas siguen valorando profundamente a las personas con buena formación académica, con capacidad de adaptación, con espíritu de aprendizaje y con pensamiento autónomo.

Las empresas exitosas no solo contratan talento: lo forman, lo cuidan y lo desarrollan.
Eso mismo hacemos los docentes, desde nuestra trinchera: acompañamos a los alumnos, detectamos sus potenciales, trabajamos en sus debilidades y los motivamos a dar lo mejor de sí.
Personalmente, me apasiona formar personas, como personas, desde los valores.
Porque educación y empresa no son opuestos: son aliados, si aprendemos a integrarlos.
Tecnología: herramienta y no reemplazo
La tecnología ha transformado profundamente ambos mundos.
Desde las aulas hasta las oficinas, vivimos un cambio constante.
Pero lo importante no es solo incorporar herramientas digitales, sino usarlas para potenciar el pensamiento, la colaboración y el desarrollo humano.
Eso es lo que queremos enseñarles a nuestros hijos:
que la tecnología no los sustituya, sino que los complemente.

Un llamamiento a pensar juntos
Os invito a reflexionar:
¿Cómo acompañamos a nuestros hijos para que aprendan y trabajen como parte de un mismo proceso de crecimiento continuo?
El vínculo entre la escuela y las empresas puede —y debe— fortalecerse.
Prácticas, mentorías, proyectos reales en el aula… todo suma.
Pero también es clave que, desde casa, se valore la educación no solo como un medio para obtener un trabajo, sino como una herramienta para la vida.
Educar para la vida
Educar no es preparar solo para rendir una prueba, ni formar solo para cumplir un rol laboral.
Es ayudar a nuestros chicos a convertirse en personas capaces de adaptarse, pensar con libertad, construir, aportar y soñar.
En un mundo donde todo cambia tan rápido, el mayor regalo que podemos darles es una base sólida y una actitud abierta al aprendizaje permanente.
Esa base comienza en la escuela, se enriquece con las experiencias de vida, y se proyecta hacia el futuro.
Gracias por acompañarnos
Gracias, como siempre, por ser parte de esta tarea compartida:
educar juntos para la vida.

Con afecto y compromiso,
Ángel Muñoz Regodesebes
Docente


